lunes, 29 de noviembre de 2010

Pequeñeces

La vida es algo maravilloso, siempre y cuando no tengas problemas graves, claro. Por lo que a mí me consta, nadie tiene muchas ganas de morirse, por lo que podemos deducir que una buena parte de la población mundial, la cuál se aferra a la vida con uñas y dientes, está relativamente satisfecha con su viaje.
Pero a veces las tonterías más insignificantes nos pesan en el alma de manera abrumadora, y nos sentimos como el gran "Atlas" soportando el peso del mundo a nuestras espaldas. Y lo cierto es que si nos paramos a analizar la situación con la mente fría, la mayoría de las veces veremos que aquello que tanto nos agobia no es tan importante. Incluso podemos darnos cuenta de que no tiene ninguna importancia en absoluto.
Acostumbrados como estamos a vivir bajo techo y a comer cada día, tenemos cierta tendencia a buscarnos algún tipo de problema para conseguir no vivir felices y tranquilos, debido a alguna especie de sadomasoquismo inexplicable.
Aunque hay quien dice que es un "consuelo de tontos", a mí me ayuda mucho el ver que hay gente que está mucho peor que yo. Me resulta de muy mal gusto quejarme por tonterías diversas cuando sé que hay muchas personas con AUTÉNTICOS problemas en su día a día.
Así que, la próxima vez que salgamos a la calle con la cara triste o cargados de mala leche, pensemos un momento si realmente merece la pena.
Este viaje en el que todos andamos inmersos es demasiado corto como para pasárnoslo peleando con los otros pasajeros. Y no importa si no viajamos en primera clase. A fin de cuentas, nunca he oído salir más risas de los vagones de la "business class", pues aunque suene a tópico, "el dinero no da la felicidad": una vez que tienes las necesidades básicas cubiertas, es en tu propia mente y en los que te quieren donde tienes que buscarla ;-)

P.D. Sed felices, que es gratis :-)

domingo, 17 de octubre de 2010

Menudo paisaje !!!


Me revienta la gente cerda. Me pone de los nervios ver a gorrinos tirar latas de refresco por las ventanillas de sus coches mientras van conduciendo por una carretera de montaña, o el que abandona sus trastos viejos o material de desecho de alguna obra en algún lugar recóndito en el campo. O el que, caminando por alguna calle de cualquier ciudad, tira el envoltorio del chicle en el suelo, teniendo una papelera a unos pocos pasos. O aquel fumador compulsivo que, mientras se mata alegremente llenando de veneno sus pulmones, nos obliga al resto de los mortales -que no tenemos tanta prisa por morir- a vivir encontrándonos sus apestosas colillas en los sitios más insospechados.
El mundo sería un lugar un poco más maravilloso si nos preocupáramos un poco por dejar las cosas tal y como las hemos encontrado, o incluso mejorarlas, si está en nuestra mano. Pero hay individuos que se empeñan en llenarlo de mierda, sin detenerse lo más mínimo en pensar que quizás existan otras personas a las cuáles les disguste vivir entre porquería. Seguramente, a estos "cerdos humanoides" en cuestión no les entra en la cabeza -parte de su anatomía bastante limitada, sin duda- que nosotros disfrutemos de la limpieza, ya que ellos se encuentran como diós revolcándose entre la basura y están igual de civilizados que una empanadilla.
La foto que véis la he tomado este domingo por la tarde en la zona de mi pueblo donde cada domingo por la mañana se lleva a cabo el "mercadillo", pero seguramente no se diferenciará mucho de otros tantos lugares donde se celebran estos eventos. No sé quién será más cerdo, si los paradistas o el ayuntamiento, pero clama al cielo que esto es una guarrería al nivel de la granja porcina más poblada. Y no me vale que me digan que luego pasa una brigada municipal a limpiarlo, pues hasta que esto sucede, miles de bolsas de plástico y envoltorios varios ya han echado a volar con el viento y se han perdido en el horizonte, para aterrizar al lado de la lata de refresco que tiró, hace algún tiempo, aquel cerdo que conducía su coche por una carretera de montaña.

Triste, muy triste :-(

P.D. Y que luego nos hablen de reciclaje las 24 horas del día. Menudos coj**es tienen.