miércoles, 29 de julio de 2015

Redes sociales IRREALES ???

Estoy un poco hartito de escuchar a algunas personas criticar el uso de las redes sociales como si fueran una enfermedad o algo que te aisla del resto del mundo y de la realidad misma. Hay de todo en este mundo y todo depende del uso que le des a un determinado medio de comunicación, pero navegar por Internet y comunicarse con otras personas no deja de ser tan bueno -o tan malo- como mirar la televisión, leer un libro o pasarte la tarde haciendo macramé.

En mi caso particular, gracias a las redes sociales, y más concretamente "Facebook", me he enterado de noticias que no salen por las teles oficiales, porque al Gobierno no le interesa o el encargado de turno considera que eso no les dará audiencia suficiente. He hablado de ciertos temas con personas que, ya sea por su aspecto físico o porque no nos conocíamos lo suficiente, jamás me hubiesen dado pie a tratarlo cara a cara, y muchas veces he quedado gratamente sorprendido con la experiencia. Del mismo modo, he descubierto a auténticos cerebritos o personas con opiniones bien fundamentadas sobre temas diversos detrás de personas por las que -debido a prejucios estúpidos que todos tenemos- jamás hubiese dado dos duros.
También he conocido gente con los que aún hoy guardo una gran amistad -incluso con algunos aún no hemos logrado conocernos en persona, pero no perdemos la esperanza- y hablado con músicos, escritores, actores, etc. que difícilmente me hubiese encontrado de forma casual por la calle y, en caso de haberlo hecho, quizás no me hubiesen premiado con más de 30 segundos de su atención.

He compartido experiencias y aprendido de las experiencias de los demás, he respondido dudas y me han solucionado problemas para los cuáles no conseguía encontrar la solución. He seguido en contacto con gente a la que quiero y que, debido a un cambio en el lugar de residencia, habían quedado fuera de mi alcance para un trato más directo. Y cómo no, he empezado conversaciones en la Red que más tarde he continuado en persona cuando hemos tenido la suerte de coincidir en el mismo sitio los dos interlocutores.

Y es que a veces esa gente que critica y critica y te apremia a volver al mundo real se olvida de una cosa muy importante: detrás de cada teclado solitario está una persona que lo utiliza, una persona que es tan real como tú y como yo, que tiene su vida totalmente real y quizás, sólo quizás, utiliza las redes sociales como un medio más para comunicarse con quien le da la gana, no como una "droga" moderna para evadirse de la realidad.

 
P.D. Seguramente los que tanto critican las redes sociales hubiesen hecho lo mismo con los ordenadores, la televisión, el cine, los automóviles, el ferrocarril... incluso me atreviría a asegurar que los antiguos monjes copistas escupieron insultos hirientes contra la imprenta al ver surgir de ella el primer libro encuadernado. Y es que todo cambio rompe nuestra zona de confort y hay gente a la que esto le produce miedo, pero sólo hay que dejar pasar el tiempo para que las costumbres y los cambios se hagan amigos, se asimilen y se estabilicen.

jueves, 5 de junio de 2014

Por qué ellos sí y yo no?

Calamardos que va por la autovía a 200 por hora y no ponen un intermitente ni de casualidad, y aún tienen los huevos de hacerte las largas si consideran que tú estás adelantando a otro coche demasiado despacio.
Peatones con espíritu de Indiana Jones que no respetan un solo semáforo en rojo, porque creen que nada les puede pasar y que esperar a que cambie a verde es de tontos o de gente con mucho tiempo libre.
Zoquete que se mea sistemáticamente fuera de la taza en los lavabos públicos, o deja una muestra de la buena forma de su tránsito intestinal en ella en forma de caprichosos trazos, porque es tan sumamente limpio que le da asco utilizar una escobilla que no es suya y volverlo a dejar mínimamente presentable.
Burros integrales que a su paso tiran las motos aparcadas al suelo, o les rajan los asientos, o rayan los coches con la llave, debido a alguna rara degeneración mental que los hace ser estúpidos sin posibilidad de salvación.
Orejudos que escuchan música -mierda de música, añadiría- por el móvil, sin auriculares y a todo volumen, para que el resto de la gente sepa que es tonto, tonto, toooooonto, mientras él se cree el rey del mambo.
Puercos que no se duchan y no utilizan desodorante, porque creen que no hay que tener vergüenza del olor corporal de cada uno ni enmascararlo con perfumes, mientras el resto de los pasajeros del autobús se plantean realizar una votación para decidir si lo tiran por la ventana en la próxima parada o bien lo rocían directamente con ácido.

Etc, Etc, Etc, Etc.... La lista, me temo, sería interminable.

Una sociedad establece unas reglas para favorecer que las cosas funcionen correctamente y de forma ordenada, y así evitar que la convivencia de miles de personas, juntas en un entorno relativamente pequeño, se convierta en un caos. Y aunque os reconozco que algunas de estas reglas son algo estúpidas o exageradas, sin ellas esto sería un auténtico desastre, os lo puedo garantizar. Si queremos que las cosas mejoren y que nuestra vida sea un poco mejor, deberíamos empezar por no saltarnos las normas a la torera y dejar de actuar como cabestros. Si no lo hacemos así, no esperemos que nuestros políticos sean mejor personas que nosotros y dejen de meter la mano en la caja o se preocupen verdaderamente por nuestro bienestar.

P.D. Los ocupantes del coche gris de la foto, una familia entera con cochecito incluido, se dejaron abierta la puerta trasera que da a la valla. Por suerte para ellos, yo estaba en el párking cargando mi coche y, cuando acabé, fui a cerrársela para evitar que algún caco lo viera y les vaciara el coche. Mi coche estaba aparcado un poco más lejos de la entrada. Me llevo aproximadamente medio minuto encontrar un sitio donde aparcar estuviera permitido y otros treinta segundos andando para llegar hasta el coche gris y cerrar la puerta. Para ese conductor sería una eternidad, supongo.