Dentro de unos años, la nanotecnología nos traerá cosas maravillosas, sobretodo en el ámbito de la medicina, con diminutas máquinas que bucearán por nuestras arterias para administrarnos fármacos justo dónde y cuándo se necesiten, reparar tejidos en zonas de difícil acceso o eliminar posibles amenazas víricas o bacterianas.
Pero no todo lo que nos deparará ese futuro próximo iba a ser deseable: tal y como pasa siempre, estos avances tecnológicos vendrán acompañados de algún que otro dolor de cabeza. El efecto colateral más grave quizás sea la pérdida total de nuestra privacidad. Y es que ya nunca más estarás seguro, al ir a mear, de si ese mosquito que revolotea en una esquina, es realmente un mosquito... o el ultimísimo "micro-dron" que se acaba de comprar tu vecino para comprobar si la tiene más grande que tú XDDD
Sí, quizás os parezca un ejemplo gracioso, pero mucho me temo que es un caso altamente probable. Aunque tranquilos: seguro que podremos agenciarnos con algún tipo de dron centinela que velará por nuestra privacidad cual perro guardián cualquiera, encargándose de perseguir y destruir cualquier aparatito espía que entre en nuestro hogar.
Como véis, parece ser que de aquí a unos pocos años no vamos a aburrirnos en casa. Bendito progreso... o no :-P
martes, 14 de marzo de 2017
miércoles, 11 de enero de 2017
EN BUSCA DE LA FELICIDAD
El otro día, una fría y tranquila tarde de invierno, pasó por una calle de mi barrio un tipo trajeado conduciendo un BMW descapotable, con la capota abierta, la música a tope y moviendo la cabeza rítmicamente. Seguro que muchos lo miraron con admiración, envidia o simplemente servil condescendencia. Y es que los ricos tienen un poder que los hace parecer mejores que nosotros, aún sin ser verdad: "hacer que la gente quiera ser como ellos". Y somos nosotros mismos los que se lo otorgamos mediante esa envidia o admiración que no nos lleva a ninguna parte.
Una vez tienes tus necesidades básicas cubiertas - un techo bajo el que cobijarte, una cama donde dormir, comida para llenarte la tripa, algunos eurillos para caprichos, una salud más o menos buena, alguien que te quiera, etc -, todo lo demás no dejan de ser extras innecesarios que quizás sí sirvan para endulzarte la vida, pero que no te llevarán a conseguir nada que ya no hayas logrado por tus propios medios. Y es que uno puede ser rico y ser un completo amargado, infeliz, frustrado, etc, aunque manteniendo, eso sí, un aspecto inmejorable y una cara de pasarlo de puta madre de cara a la galería. Un ejemplo: el gran Elvis, por citar sólo a uno.
Como se ha dicho ya muchas otras veces, la felicidad la encontraremos en nuestro interior, y cada uno debe hallar su camino para llegar a ella. Y debemos asumir que nuestra felicidad quizás nunca sea del todo completa, o que no durará para siempre - al igual que las penas, por suerte -, pero es nuestro deber buscarla, cuidarla para que prospere y disfrutarla cuando la encontremos, sea durante unos fugaces 5 minutos o durante un día entero.
Seguro que muchos admiraron y envidiaron al tipo del BMW la otra tarde, pero no fue mi caso: yo sólo vi a un gilipollas molestando a los vecinos con la música a toda castaña y con la capota bajada en el día más frío de lo que llevábamos de invierno. Y me la suda que tuviera la mejor calefacción que se pudiera permitir en el coche, porque eso es algo totalmente accesorio: si hubiese llevado la capota bajada, hubiera estado calentito sin molestar a nadie. Que ¿por qué lo hizo?¿Acaso es un imbécil redomado? Seguramente sí, pero también sabe que su poder sobre nosotros es hacer notar a la plebe que tiene más pasta, pues con eso consigue que se le envidie y se le suponga más feliz. Y eso es lo que a él, seguramente, le da la felicidad.
P.D. Sed felices y no comáis perdices, que ellas no tienen ninguna culpa de que los cuentos, para acabar en alto, busquen la rima más fácil :-P
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